lunes, 31 de enero de 2011
En ese viejo banco de aquel pequeño parque...
mira, en realidad no tienes a donde ir esta noche y lo sabes, no quieres volver a casa, tus amigos están de fiesta y no estas con ánimos de ir a una discoteca ni a un bar a hacer el loco y divertirte. Así que escucha, quedate conmigo, ven a ese banco de ahí, vamos a pasar la noche sentados, sin hacer nada, hablando un rato. Cuentame tus problemas, tus penas, cuentame lo que te angustia y no te deja sonreír, pero hazlo sonriendo, aunque sea una sonrisa triste. Vamos a comprar un par de coca-colas y a comprar una pizza, y volvamos a nuestro banco, continúa con tus historias, te escuchare hasta que te quedes sin voz, te abrazare todo cuanto necesites, y, si hace falta, no te soltare jamás. Te contare alguna anécdota que consiga sacarte una sonrisa, pondré alguna canción que pueda hacerte recordar buenos momentos, te haré una foto por sorpresa y la guardare como recuerdo para siempre. Puede que aun así, creas que no es tu sitio esta noche, pero solo lo creerás, porque mañana por la mañana, cuando despiertes bien entrado el día, y veas sobre tu mesa esa flor que te regale, entenderás que era el único sitio donde podías estar, donde mejor podías estar, donde querías estar. Y entonces por favor, recuerdame que en ese viejo banco de aquel pequeño parque, se quedo una noche de esas que solo un amigo te puede regalar, y que ningún amigo puede olvidar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario