lunes, 30 de septiembre de 2013

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Ocurre, una corriente recorre su cuerpo como una descarga eléctrica, le entran esas ya conocidas ganas de coger sus cosas y salir corriendo dejando todo atrás con un portazo, cierra los ojos fuerte y aprieta los dientes un segundo, sabe que no la ha visto. Apoya la cabeza en el suelo un instante y la levanta de nuevo, sonríe. Por una vez se siente hermética, sabe que sus pensamientos son solamente suyos y que nadie podría adivinar esas ganas de alejarse, dar un grito y quedarse sola. Se concentra para seguir tranquila y se da cuenta de que su corazón late veloz y respira rápido, no esta segura de la causa de ese acelerón pero no quiere profundizar mas si es la que ella cree. Araña el suelo en un pobre intento de deshacerse de esa rabia que se ha apoderado de ella y pone una parte de su cerebro a controlar todas su acciones, a recordarle que no pasa nada, que todo esta bien, que esta vez no hay razón para salir huyendo, que nadie quiere hacerle daño. Hay una tormenta en su interior, no sabe que hacer pero sabe que tiene que hacer algo, esta agitada y a punto de estallar pero no deja que se note, no mostrara esa debilidad, no esta vez. No quiere ser la cobarde de siempre que se esconde, que huye, que se defiende diciendo que es demasiado joven, no, esta vez le gustaría ser mayor, pero algo se lo impide, así que mueve ficha y para la escena, demasiada tensión, demasiada incluso para ella. Su pequeño guardián que vigilaba que esta vez tuviera el valor necesario ha fallado, a lo mejor es que realmente no estaba preparada para esta situación. Se da cuenta de que lleva mas de tres cuartos de hora dando vueltas a lo mismo y que en realidad ya había decidido que no quería llegar mas allá, que cuando por fin el escenario se ilumina y queda ella frente al publico con su guitarra no quiere tocar, quiere parar y congelar ese instante, porque no esta preparada, no esta cómoda, no es el momento. De modo que poco a poco va destensándose, ya esta, esta controlado. vive la hora siguiente relajándose lentamente, dejando que todo vuelva a su sitio y preguntándose si ha hecho bien abandonando o si quizá debería haberse arriesgado, no tiene ni idea... Pero cuando un par de horas mas tarde se dirige hacia casa y deja que todo salga, cuando rompe a llorar por la calle preguntándose porque a ella, en ese momento entiende que sin esa tensión, sin esa agitación personal no seria ella, la historia no seria la misma, no seria una historia genial. Comprende que hizo bien al no saltar, al no jugársela, al no arriesgarse a estropear una canción que sonaba demasiado bien.